Arrollador, el día, despierta y despliega sus tropas.
Cruentas, noticias de mil vientos, aplacan unas almas gitanas.
Hordas feroces, impacientes, ondean su bandera dorada.
Despiertan a todos con sus notas estridentes.
No se detienen, no distinguen entre batallas y guerras.
Me entretengo con historias de héroes.
Esos de mirada vacía y piel curtida, fuerte y muralla
Guardia atrevida y empuñadura inquietante
Espada, corta de filo primitivo, se afirma y avanza.
Liberados de gloria, triunfan y fenecen.
Conciencia, mi espada, hija de los siete mares de la luz.
Intimo, mi escudo, floreció en mis sueños alados.
No dañan, ni empujan, perpetuos apuntan al norte.
Me murmuran ¿Dónde está el filo de tu espada?
¿Dónde escondes la fuerza de tu pecho?
Con ellos marcho a paso firme por el sendero de sombras,
Avanzo sin vacilar, vuelvo a llenar mis propias huellas.
Siento los tambores pero ya es tarde para ellos.
Pronto tus brazos son certeros, atraviesan mi alma.
Bebo, desbordante el calor, de tu boca sacia mi sed.
"Amor, tu espada no brilla con la fuerza de tu pecho.
Toma mi aliento y aviva el fuego de tu forja
"
Sin darme cuenta, el reflejo arrollador,
Lanzas de fuego resplandecientes quiebran el horizonte.
El día me vuelve a cegar, íntimo y conciente otra vez.